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Hoy hace un año…

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Espero que me permitáis la licencia de dedicar al menos unas palabras para alguien que significó mucho…

Hace un año recibí una llamada, eran las 12:10 del mediodía. No tenía nada de especial cuando miré el móvil, era mi madre, como tantos otros días para hablar un rato. Me pilló en el trabajo, pero noté algo raro, su voz temblaba y la conversación duró muchísimo menos de lo normal. Sus palabras exactas fueron: “David, papá ha muerto, estaba muy malito y no ha podido con ello…”

Ahora escribiendo estas palabras, recuerdo aquel día como si fuera ayer, el camino que recorrí al ir al hospital, ver a mi madre destrozada llorando, como tuvimos que esperar un buen rato hasta que nos dejaron entrar, la llegada de mis hermanas, mis tíos, y las miradas de la gente por el pasillo con cara de no saber qué expresar.

El otro día mi hija de 5 años me dijo que seguía recordando al abuelito Alfonso, y que iba a rezar. Empezó con el padrenuestro y yo tuve que volver la cara. No hay nada de malo en llorar, pero no quería en ese momento.

Cuesta expresar en palabras ese momento en el que escuchas algo o ves algo, o simplemente te viene un pensamiento y te llega su recuerdo. Es como si algo te impregna, envuelto en tristeza y alegría, y que disfrutas y sufres por un momento. Recuerdas su imagen, sientes sus palabras, oyes sus risas, su música clásica, te muerdes las uñas y te sientes él por un segundo, llegas a casa y te pones sus zapatillas, y acabas gritando al árbitro en medio de un Madrid-Barcelona.

No ha pasado ni un solo día en el que no te haya hablado. Mis creencias luchan contra mi razón para convencerme de que volveré a poder decirte que te quiero. Hubo tantas cosas que no te dije, que es una pena que te hayas ido para que me tenga que haber dado cuenta de que la vida son dos días, y que lo único que merece la pena es lo que guardas en tu corazón, los momentos que vives. Por eso ahora no pasa ni un solo día en que no le diga a mi mujer y a mis dos preciosidades lo mucho que las quiero.

Solo quería decirte que seguimos bien, que casi nos hemos repuesto, que tengo tres personas en mi vida que son la razón de que quiera levantarme cada mañana con una sonrisa en la boca, y que esa alegría de vivir y de disfrutar me la enseñaste tú. Y te vuelvo a pedir perdón, por no haber estado allí contigo en ese momento, con el miedo que tenías a que llegara… no sabes como duele no haber estado contigo.

Sabes otra curiosidad, el otro día llamé a un programa de la radio, pedían que llamaran aquellos que tuvieran un apellido curioso y que proviniera de alguien importante por alguna cuestión. Yo llamé para hablar del abuelo, de que hay una calle con su nombre, de que fue un médico muy querido y reconocido y todo eso que se dice de la familia. Pero la alegría de llevar este apellido no es por el abuelo, es porque tú fuiste mi padre.

Tengo la imperiosa y rabiosa necesidad de que nadie te olvide, de que la gente sepa lo que fuiste, lo que hiciste, lo que amaste.  Por eso, seguramente, escribo estas líneas, para que la gente te conozca. Si, tú eras aquel impresor de artes gráficas a la vieja usanza, yo te vi trabajando y componiendo con tu lupa, con tus pinzas, con tus letras milimétricas. Tú fuiste ese amante de la música clásica, que nos despertaba todos los domingos con las melodías de tus CDs. Tú eras el que me llevaba al mercadillo de monedas los domingos y adquirías alguna nueva para tu inmensa colección. Tu hacías que los fines de semana de invierno en Viana se convirtieran en una aventura maravillosa. Tú eras el que nos metía en una balsa a mis hermanas y a mí y nos llevabas por ahí remando, hasta que no veíamos ya la costa. Tú eras el que me enseñaste un montón de cosas y que, por increíble que parezca, aun recuerdo. Aun te veo en las Moreras enseñándome a andar en bici, o en el mar enseñándome a nadar, todavía tengo imágenes sueltas. ¡Tú fuiste tantas cosas!

Un último recuerdo para alguien que sabe y entiende estas palabras: Marta, siento mucho tu pérdida, tú tienes cuatro en tu vida, disfruta cada día. Es un lujo poder vivirla.

Sabes papá, te echo mucho de menos…

Alfonso Cortejoso

En memoria de Alfonso Cortejoso Villanueva, una persona maravillosa, un mejor padre…

Nació en Valladolid el 14 de mayo de 1929. Hijo de Rigoberto (Don Rigoberto) y María, quienes tuvieron 17 hijos, de los cuales, él fue el más pequeño. Se casó con Mª del Carmen Mozo Guerro y tuvieron tres hijos, Teresa, Elena y yo. Podría escribir un buen rato a lo que se dedicó, dar más datos sobre su familia, su trabajo a lo largo de subida, lo que viajó, pero no merece la pena. Prefiero resumirlo, su lema indiscutible, SER FELIZ. Gracias por enseñármelo.

 

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